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miércoles, noviembre 05, 2008

Ojalá Obama sea el que dice ser (Editorial)

Largo y tortuoso ha sido el camino para todas aquellas personas que tienen que luchar contra algún tipo de discriminación, unas veces sólo para sobrevivir, otras tantas para hacerse valer como seres humanos con derechos y deberes, como cualquier otra persona. La discriminación tiene matices varios, siendo la racial, la religiosa y la étnica las formas más comunes de todas. Pero ya lo sabemos, se discrimina por cualquier cosa, como género, edad, clase socioeconómica, filiación política, ideal estético, etc.


En ese sentido debe entenderse que el triunfo de Barack Hussein Obama es un triunfo incuestionable contra la segregación racial, y que tanta sangre y sufrimiento ha costado a los hombres y mujeres de raza negra en todo el mundo. Obama fue precedido por otros grandes líderes afroamericanos, quizás mucho mejor preparados que él, tanto intelectual- como políticamente, pues Obama es un insignificante enano al lado de Martin Luther King por ejemplo, podría decirse con justicia. Pero tal comparación es inocua, en la medida que la gran mayoría de nosotros, más allá de nuestro origen étnico o racial, somos igualmente enanos ante personalidades como Martin Luther King.

Vale la pena preguntarse sin embargo, cual sería la percepción de buena parte de la opinión pública mundial, y que proclamaba con entusiasmo el nombre del senador demócrata de Chicago -Obama- a los cuatro vientos, si el ganador hubiese sido el senador republicano John Sidney McCain, después de todo. Porque muchos admiradores daban por descontado que los estadounidenses pudieran elegir un presidente de raza negra, porque suponían que el prejucio racial del hombre de raza blanca lo impediría. Es decir, si McCain ganaba, no era por mérito propio, sino como supuesto e indirecto beneficiario del racismo.

Ojalá no olviden los historiadores gringos tan pronto la tenacidad y agudeza intelectual de este gran héroe de guerra que es John McCain, y quien dio pruebas suficientes de no querer beneficiarse de una estrategia electoral cualquiera que se basara en algún tipo de discriminación. De esta manera McCain rechazaría el apoyo de congresistas de su propio partido o líderes religiosos que intentaren convencer a los votantes indecisos mediante estratagemas de odio. Pero claro que la ausencia de prejuicio racial en McCain, y su lucha por la no discriminación, se basa en razones no muy diferentes a las del ahora presidente electo Obama, pues si bien McCain claramente no es de raza negra, si lo es su hija menor adoptada, Bridget de Bangladesh.

Y la tal libertad de expresión, bueno, esa ahora corre por cuenta del "cuarto poder", o sea los grandes medios de comunicación -como siempre- y las donaciones de las grandes corporaciones, que son un poco la misma vaina. Será por eso que Obama recolectara y gastara el doble de dinero para su campaña en todo tipo de mercadeo publicitario que McCain. Y también será por eso que el prestigioso semanario TIMES no permitiera en cambio al senador McCain publicar su opinión personal sobre las presuntas debilidades y contradicciones de Obama en cuanto al tema de Iraq y la seguridad nacional, para refutar palabras de Obama publicadas allí precisamente.

La discriminación tiene muchos matices. Martin Luther King lo sabía, Abraham Lincoln también, Kofi Annan lo sabe, lo se yo, lo saben mis lectores, supongo. Ojalá Obama lo entienda también, y realmente haga algo al respecto. Hacer, no hablar. Ojalá tenga éxito en el intento de redistribuir la riqueza y atraer la inversión de capital en empresas generadoras de empleo, para que se acabe la desigualdad social, una de las fuentes de la discriminación más visibles en esta era norteamericana. Ojalá luche contra la discriminación de las personas de la tercera edad, y sepa reconocer en ellos la grandeza y valor moral, representada en su contrincante precisamente, un honorable veterano de Vietnam. Ojalá reconozca en países como Colombia un aliado leal y un socio estratégico, no un patio trasero más donde desahogarse, como durante su campaña electoral.

Ojalá sea quien dice ser.

jueves, septiembre 25, 2008

Si yo fuera gringo (Editorial)

700.000 mil veces por un 1.000.000 de dólares. Es mucho dinero. Es el costo de “salvar la economía estadounidense” para unos, o el costo de “salvar bancos” para otros. Un banco es una empresa. Puede ser de capital privado, estatal o mixto. En este caso estamos hablando de salvar del descalabro financiero empresas de capital privado -principalmente-, con la disculpa de que de no hacerlo, se afectará toda la economía. El programa espacial Apolo que llevó al hombre a la luna, y que no pudo implementarse en su totalidad porque el congreso de ese entonces dijo que el presupuesto era demasiado ambicioso, le costó a los contribuyentes norteamericanos unos 135.000 millones de dólares de hoy.

Es decir, que con el dinero del descalabro financiero podrían financiarse cinco programas Apolo. Pero como el costo mayor estuvo en desarrollar las tecnologías, más que en construir cohetes y equipos, con este dinero, fácilmente los Estados Unidos ya hubieran podido llegar al planeta Marte. Pero más importante, si quisieran, podrían hacer una “rifa nacional” entre las familias más pobres de Estados Unidos, y escoger a 7.000.000 familias, y regalarle a cada una cien mil dólares. O darle 200.000 a cada uno de los 3.5 millones de indigentes abandonados por el estado. Probablemente también podría evitarse la expropiación por no pago de hipotecas de millones de hogares.

Porque en Estados Unidos hay gente más vaciada que muchos latinoamericanos. Y no todos son “afroamericanos”, ni “latinos”, ni mucho menos “ilegales”. Familias sin casa, sin medios para brindarle educación a sus hijos, y pasando hambre. Si yo fuera gringo, estuviera vaciado, encima tuviera que pagar impuestos, quizás desempleado o con un trabajo mal pago, sin mayores perspectivas para mejorar mi futuro académico y/o económico, y tuviera que ver como unos ladrones de “cuello blanco” que lo tienen todo, que viven mejor que uno, y hasta lo “miran por encima del hombro”, reciben ese dinero de mis impuestos para evitar su propia quiebra, entonces como muchos compatriotas míos estaría muy pero muy “emputation” –puto, cabreado, colérico, histérico, furioso-.

A eso agréguenle huracanes, ciclones, amenazas terroristas, drogadicción, desempleo, violencia callejera, discriminación, y por si fuera poco, ser ciudadano del país más impopular del planeta. Ser gringo no es nada fácil por estos días. Si yo fuera un gringo de esos que su país sólo lo tiene en cuenta en épocas de elecciones, y la cosa siguiera así como va, me iría en una balsa para Colombia. No es que ninguno de estos males no exista también por estos lados, pero por lo menos vive uno más sabroso -bueno, si lo dejan-. Al fin y al cabo, ser un latinoamericano pobre en apuros no es la excepción, es la regla. Y sobrevivir a la corrupción y a la desigualdad, es deporte nacional. THL

domingo, junio 08, 2008

Crónica sobre las paradojas de una reelección

Cuando hace un poco más de dos años muchos colombianos se oponían a la reelección, no todos lo hacían necesariamente porque no estuvieran de acuerdo con muchas de las políticas del actual gobierno. Pero en ese sentido, la política de seguridad democrática, y que sólo empezó a mostrar logros evidentes e innegables en estos últimos dos años del gobierno de Álvaro Uribe Vélez, le dio la razón a quienes se pusieron la camiseta de la reelección. Valga aclarar en aras de la honestidad y sinceridad, que hasta entonces las críticas por el estilo a veces autoritario del gobierno, junto a los relativamente modestos resultados de esta política, hacían pensar que no habría más logros significativos. Felizmente muchos de nosotros estábamos errados.

Los golpes contra el narcotráfico, el paramilitarismo y la guerrilla han sido contundentes, y la credibilidad de las instituciones policivas y judiciales, así como de las fuerzas militares, es bastante alta. Ello a pesar de graves escándalos como el de la Masacre de Jamundí, la infiltración del DAS, la parapolítica en el congreso, y ahora la farcpolítica que se le viene encima al país -aunque como es de suponerse esta última salpica gravemente a los integrantes de la oposición y no al ejecutivo, pero sí al legislativo-. De todas maneras todo esto se suma a la noción pública general de que el congreso es probablemente la institución más corrupta del país, y la única en que la política de seguridad democrática no ha redundado en una mayor confiabilidad, sino todo lo contrario, un objeto de vergüenza nacional.

La crisis institucional
También han existido una serie de cuestionamientos alternativos entre el ramo ejecutivo y el judicial, primero con la Corte Constitucional, y luego con la Corte Suprema de Justicia, además de rencillas de leguleyos entre las cortes mismas. Pero más allá de los cuestionamientos por una supuesta politización de la justicia, este ramo funciona más o menos bien, con sus altibajos, claro está. Pero el ramo legislativo como se decía, va de mal en peor. Los opositores de Uribe no dudan en acudir a la demagogia para insultar al jefe de estado, señalándolo por ejemplo como un supuesto futuro Alberto Fujimori, o comparando su eventual proyecto de reforma constitucional con las maniobras fujimoristas para perpetuarse en el poder, y que en el caso colombiano lo que pretende es que vía referendo popular se posibilite la segunda reelección de Uribe.

Además condenan al gobierno por dejar moribunda la reforma política y su ley de la “silla vacía”, una propuesta encaminada a que se castigue a los involucrados en procesos criminales por alianzas con grupos armados ilegales con la pérdida definitiva de la curul, cuando haya medidas cautelarias y/o penas condenatorias definitivas. Siendo esta última una medida justa, y de asepsia moral y ética de este desprestigiado congreso, si se quiere, no hay que olvidar que existe también un problema de representatividad en el poder -es decir, mantener las mayorías uribistas-, y que aparentemente favorecería a los partidos políticos de oposición, es decir, al Polo Democrático Alternativo y al Partido Liberal Colombiano. De ahí que esta medida no sea considerada "justa" por parte del uribismo.

Pero con dineros ilegales o sin ellos, es claro que la gran mayoría del pueblo colombiano votó por sus senadores y representantes sin coacción de por medio, salvo en lo municipios dominados por paramilitares y guerrilla, claro está, y cuyo caudal electoral hubiera sido insuficiente para modificar la composición actual del congreso en primer lugar. Es decir, votaron por los congresistas elegidos porque estaban con Uribe, supuestamente. El delito electoral, muy grave por cierto, de quienes se financiaron con dineros oscuros, no implica por tanto que los votantes hayan salido a las urnas a depositar sus votos con un revólver en la cabeza. Pero además, habría que aplicar la misma medida a los congresistas colaboradores de la guerrilla. El problema es que para cuando estas investigaciones surtan efectos legales, la oposición ya habrá sacado ventaja de su mayor representatividad en el congreso, para frenar la agenda legislativa del gobierno, o para forzar a negociar una no reelección, por ejemplo.

La parapolítica y el oportunismo de la oposición
Por otra parte los crímenes de la parapolítica lo que implican legalmente es que la publicidad y las relaciones corruptas facilitaron injustamente que unos candidatos se destacaran por encima de otros, de manera que esto redundaba en su elección. ¿Debe revocarse el congreso de manera parcial o total por esto? Exactamente esto alegaba el ex presidente Andrés Pastrana Arango cuando perdió las elecciones presidenciales frente al ex presidente Ernesto Samper Pizano en las elecciones para el periodo de 1994 a 1998, y que resultaron ser objeto de un financiamiento por parte del Cartel de Cali con unos 5.000 millones de pesos de ese entonces, según un famoso “narcocassette” que dio origen al famoso Proceso 8.000. Medio país exigía la renuncia de Samper, liderados por Pastrana. Y salvo por la visa para viajar a los Estados Unidos que le fue revocada a Samper, el resto del sufrimiento corrió por cuenta del pueblo. Como siempre.

No deja de ser irónico entonces que Samper haga parte ahora de quienes proponen incluso la revocatoria de todo el congreso, y además presionan paralelamente por un supuesto acuerdo humanitario con las Farc. Y más irónico aún, que él y su archienemigo Pastrana coincidan en esta idea según la cual hay que debilitar la política de seguridad democrática, y poner en grave riesgo la vida de cuarenta millones de colombianos que sentimos físico asco por la guerrilla y sus simpatizantes, para poder mejorar las relaciones con los gobiernos beligerantes de Ecuador y Venezuela, entre otras cosas dudosas. Ni hablar del Despeje del Caguán durante la era Pastrana que siguió a la de Samper, y que sólo sirvió para fortalecer a estos terroristas una vez más.

Teodora Bolívar, ¿la verdadera jefe del Partido Liberal?
Aún así, es necesaria una depuración del congreso que garantice que sus integrantes no tengan más nexos con grupos armados ilegales, o que defiendan sus intereses, en vez de trabajar con honorabilidad para el pueblo que los eligió. Ahí aparece entonces la senadora Doña Piedad Córdoba, alias ‘Teodora Bolívar’, una fiel sirviente de las Farc, de acuerdo no sólo a sus coincidencias ideológicas con este grupo terrorista, sino además a graves denuncias de múltiples medios. Y ante sus escandalosas y gravísimas injurias en contra de Uribe, y más encima, laureles a las acciones genocidas de alias ‘Manuel Marulanda Tirofijo’, el ex presidente César Gaviria Trujillo, máximo jerarca del Partido Liberal, responde con tibias y tímidas críticas por la utilización de un lenguaje "subido de tono".

Y no está sólo, pues según la Revista Semana, la senadora está actuando de manera legítima: “Son actos que merecen ser condenados, que mancillan la dignidad nacional, y que, con razón, enfurecen a la mayoría de los colombianos. Pero sus opiniones no son un delito. Piedad, como todos los ciudadanos, es libre de pensar, opinar y decir lo que quiera. Y, con la investidura de congresista, no pierde ese derecho. Si ella quiere seguir insultando al Presidente, criticando el establecimiento, elogiando a Chávez o coqueteando ideológicamente con las Farc, podrá seguir haciéndolo sin que por ello le tengan que dictar orden de captura. Porque en el derecho a la libertad de expresión y opinión radica uno de los pilares fundamentales de la democracia. Y más aun si esa opinión no le agrada a la mayoría. Que Piedad vocifere aleluyas a la guerrilla o diga cosas que muchos no quieren oír no la convierte en una delincuente, sino en una disidente.”

Olímpica la manera en que este medio “independiente” desconoce las implicaciones penales que tiene ser un colaborador de un grupo terrorista. Peor aún. En este mismo artículo reconocen y citan un e-mail del PC de alias ‘Raúl Reyes’, y donde Piedad Córdoba les aconseja textualmente a los comandantes de las Farc no liberar a Ingrid Betancourt, porque es el secuestrado más valioso que tienen, en otras palabras. Y además desconoce públicamente la legitimidad del estado y sus instituciones, sugiere a otros países que corten lazos diplomáticos con Colombia, hace acusaciones infundadas que tienen graves implicaciones penales, y finalmente hace apología del delito, cuando la violencia proviene de la izquierda recalcitrante del país. Aún así, hay mentes dizque intelectuales que consideran que lo suyo es un acto político legítimo, muy lejos de la "traición a la patria" según ellos. Se trata de algo llamado “disidencia”. Y Gaviria, un consentido de este medio periodístico, ha defendido el supuesto “derecho a disentir” de 'Teodora Bolívar' más de una vez, aún a este grave nivel de injuria, y más allá de que en días recientes supuestamente la haya “regañado”. Vaya concepto de democracia.

La continuidad de la seguridad democrática
Por otro lado, si bien la guerrilla está diezmada, no está acabada, desafortunadamente, como lo advirtiera vehementemente el periodista y columnista político Jaime Restrepo del Sistema Atrabilioso. De ahí que cuando el presidente colombiano señala que hay que reelegir la continuidad de la política de la seguridad democrática, interpreta el sentir de la gran mayoría de los colombianos. Otra cosa muy distinta es, por supuesto, su segunda reelección, que no es conveniente ni a la legitimidad de las instituciones en cuanto a la forma en que estas se constituyen, ni a él mismo, como político. Sería preferible que se volviera a presentar como candidato presidencial en el 2014, para lo cual estaría plenamente habilitado. Pero...

Por supuesto, la gran incógnita que se viene manejando desde inicios del gobierno de Uribe es, ¿quién sería la persona llamada a sucederlo? Porque uno de los más opcionados, como lo era el ex senador Germán Vargas Lleras, ya sacó a flote su debilidad de carácter, oportunismo sin escrúpulos, y falta de firmeza al no colaborar efectivamente en la aprobación de la reforma política. Se fue dizque de vacaciones, y luego dijo que renunciaba a su cargo -justo ahora- para facilitarle el trabajo a su reemplazo temporal, ya que dicho reemplazo estaría así legalmente habilitado para aprobar la reforma, no existiendo ya un supuesto régimen de inhabilidades para votar, de acuerdo al reglamento del congreso.

Pero hay que decirlo, un “verdadero varón” da la cara y no hace mandados, sino que él mismo mete las “manos en la masa”. No así Vargas, más interesado en anticiparse a las posibles consecuencias de la renuencia de Uribe a ser candidato una vez más, por lo que lo que quiere es abonar el terreno para ser él ese “elegido” y “sucesor” de Uribe. Pero, ¿con qué credibilidad? Porque dice la sabiduría popular, que cuando un barco se hunde, el capitán es el último en abandonar su nave. No así en este caso, donde uno de los potenciales sucesores más apreciados por muchos colombianos, incluyéndome, se tiró cobardemente por la borda de la nave y dejó su partido político a su suerte, y con varios de sus integrantes vinculados al escándalo de la parapolítica.

El naufragio de este partido político liderado y fundado por Vargas, y llamado Cambio Radical, es inminente. Mientras tanto los demás congresistas se declaran “inhabilitados” para votar la reforma, por diversas razones. De esta manera se hunde la iniciativa por razones de forma, más que de fondo, aparentemente, pero Vargas salva su responsabilidad moral y ética olímpicamente -según él-, pues dirá que el “quiso facilitar las cosas”, cuando en realidad estaba evitando liderar una reforma, que si bien puede ser que no convenga a los intereses del gobierno, ni a quienes lo apoyamos de una u otra forma, era necesaria para darle más transparencia al mismo.

Entonces dicen “los que saben”, que Vargas es una especie de "maestro del ajedrez político", porque o bien espera ser declarado por Uribe como su sucesor, o bien, al ver truncadas sus aspiraciones políticas, podría fusionarse de nuevo con el liberalismo oficialista, y por extensión con la izquierda, pues ya ambos partidos han anunciado públicamente que se unirán de una manera u otra para llegar al poder, y cómo lo harán, según se presente o no Uribe para una segunda reelección. Uribe ha sido un gran estratega político en líneas generales, y a pesar de todo lo anterior, pero una de las debilidades de su estrategia siempre fue tratar de sellar alianzas con “Raimundo y todo el mundo”, lo que a la poste conlleva a este tipo de desenlaces. En esa medida le cabe algo de responsabilidad en la inducción de esta "hecatombe".

¿La elección del mal menor?
Pero así como hay aliados débiles, hay algunos fuertes. Sin duda alguna hay que mirar hacía la familia Santos y compañía, que ya ocupan los cargos de vicepresidente, ministerios de defensa y medio ambiente, etc, y posiblemente también hay que mirar hacía el Partido Conservador Colombiano. Pues es perfectamente plausible, que los conservadores sean la fórmula vicepresidencial del próximo presidente, bien sea éste de apellido Uribe o no. Pero tendrán que llegar a algún tipo de acuerdo burocrático con el Partido de la U. Y a la hora de repartir puestos, en el partido que sea, el apetito suele ser voraz. El caso es que por ahora la segunda reelección de Uribe sigue siendo una especulación, mientras no anuncien lo contrario.

Lo malo es que las huestes uribistas “más leales” –o “menos desleales”, según como se mire- no gozan del apoyo y aceptación popular del que goza Uribe. Claro, en realidad ninguno de los anteriores lo hace, ni siquiera Vargas, ni mucho menos el ex presidente César Gaviria Trujillo, un probable candidato opositor en caso de que Uribe se lance una vez más. Sería una cuestión de que Uribe se defina y de el “guiño” a los probables elegidos, pero ello no ocurrirá sin divisiones y nuevas disidencias, como la posible salida del “círculo de confianza” del gobierno por parte de Vargas Lleras, por ejemplo.

Pero todo este extenso tratado aquí ilustrado, no viene al caso cuando deducimos dos verdades vitales para nuestra magullada democracia: La primera, es que sin duda alguna debe asegurarse la continuidad de la política de seguridad democrática. Si la única alternativa para que esto suceda, es reelegir a Uribe, tocará reeligirlo, aunque ello será dañino para las instituciones democráticas a largo plazo. La segunda, es la razón fundamental por la que una segunda reelección es inconveniente en primer lugar: porque así como gozamos hoy de un primer mandatario que más o menos interpreta las necesidades más apremiantes de la patria, asimismo el día de mañana podría estar en el poder algún líder demagógico, por el estilo de Gaviria, Pastrana o Samper.

Y qué desastre hubieran sido, o serían, hasta 12 años de desgobierno de uno de estos mediocres políticos, y que ya demostraron su estruendoso fracaso como líderes de la nación. César Gaviria Trujillo, tan débil como fue con el narcotráfico y la delincuencia común, por ejemplo; Andrés Pastrana Arango con sus nefastas “zonas de distensión” multiplicadas por tres –quizás más-, o el sinvergüenza del Ernesto Samper Pizano declarando que no se hace responsable por los desastres morales y materiales de su gobierno, porque “ocurrieron a sus espaldas”. Y peor aún, ténganse duro, la ahí si hecatombe de un gobierno de izquierda putrefacta aliada con los chavistas, esos mismos que claman que la guerrilla es un actor político legítimo, que la Guajira es de Venezuela, y San Andrés de Nicaragua, que alias ‘Tirofijo’ fue un líder revolucionario benévolo, que la Interpol está al servicio del "Imperio", que el Irán es un modelo de nación a seguir..., mejor dicho, si César Gaviria dijo el día de su posesión como presidente que dizque "Bienvenidos al futuro", seguramente sus amigos polistas dirían "Bienvenidos al Socialismo del Siglo XXI".

Dios salve la patria.


ACTUALIZACIÓN (11/6/2008): Los siguientes artículos recomendados no necesariamente reafirman o contradicen los argumentos planteados en este post, pero aportan más elementos de juicio a esta complicada coyuntura política:

REVISTA SEMANA (9/6/2008): '¿Por qué a Uribe no le conviene anunciar aún si se lanzará una tercera vez?'.

EL COLOMBIANO (11/6/2008): 'Oposición se organiza para frenar reelección'.

REVISTA SEMANA (10/6/2008): 'El representante Roy Barreras denunció a Piedad Córdoba tras sus comentarios sobre Tirofijo. - Las opiniones sobre la Senadora están divididas dentro del Partido Liberal. Mientras algunos la rechazan, otros la apoyan. Vea el video'.

EL TIEMPO (10/6/2008): 'Así fue el "velorio" de la reforma política, que no pasó del séptimo debate'.

EL TIEMPO (11/6/2008): 'De candidatos y periodistas' - Rafael Pardo renuncia a su columna en EL TIEMPO para anunciar su candidatura presidencial.

domingo, octubre 28, 2007

Votar o no votar, he ahí la cuestión (Editorial)

Empezaré por algo irrelevante: el otro día recibimos una llamada automatizada, con una voz pregrabada, invitando a votar por William Vinasco, el controvertido comentarista deportivo, ahora candidato a la Alcaldía de Bogotá en las elecciones del día de hoy. No me gusta la publicidad en general. No me gusta que llamen a la casa desconocidos, así sea una computadora, ni mucho menos para una publicidad política, venga de donde venga. Desconozco si tal estrategia electoral es efectiva con otro tipo de personas. Para decirlo claro: se trata de spam telefónico, es decir, basura electrónica.

Si hubo algún gran acierto en la pésima administración del ex presidente colombiano César Gaviria Trujillo, ese fue el tarjetón electoral, aunque Gaviria nunca fue un digno sucesor del caudillo liberal Luis Carlos Galán Sarmiento. La basura de los voticos por toneladas, el lamentable espectáculo de harina y huevos para "celebrar la democracia", junto a otros desafueros carnavalescos e indignos de unas elecciones de una nación, afortunadamente son cosa del pasado. Y se redujeron las posibilidades de alterar ilegalmente el resultado de unas elecciones drásticamente, aunque aún hay graves denuncias en ese sentido. Pero el país ha mejorado mucho en sus sistemas electorales.

Hoy por hoy, para hacer trampa en las elecciones, se acuden a métodos más modernos y sutiles, como la imagenología, y con frecuencia también la guerra sucia mediante el desprestigio moral del candidato opositor, de acuerdo a veladas y mutuas denuncias de los dos candidatos más opcionados. De esta manera, muchas veces las campañas se enfocan más en demostrar por qué el otro candidato no es idóneo para ocupar el cargo, en vez de enfocarse en sus propias virtudes para justificar la aspiración política de cada uno. Nada novedoso. También se presta mucha atención al "cómo se dice", incluso por encima del "qué se dice". Y por supuesto, la eterna fórmula de hacer promesas destinadas al fracaso.

No soy publicista, pero estoy seguro de que la campaña de Samuel Moreno estuvo mucho mejor financiada y asesorada que la del ex alcalde Enrique Peñalosa. Pero además no tuvo desertores, a diferencia de la campaña de Peñalosa, quien a pesar de ser un candidato oficialmente independiente, recibió un supuesto respaldo de la mayoría de políticos colombianos, hasta de las huestes oficialistas del Partido Liberal -opositor del gobierno central-, además de los uribistas, claro está. Pero el respaldo fue deficiente, y muchos políticos se voltearon a favor de Moreno con el transcurrir de las encuestas. Además Peñalosa cometió el error estratégico y fatal de creerse campeón por anticipado, llegando al extremo de negarse a participar en debates con candidatos sin opciones reales de llegar al poder para "no perder tiempo". Los medios en ese momento lo presentaron como un candidato engreído, elitista y poco democrático. Y las encuestas electorales empezaron a favorecer a Moreno.

Luego Samuel Moreno también la embarra. Promete hacer el metro en Bogotá. Debo decir, que siempre he creído que Bogotá necesita un metro, y que tal decisión por sí misma no es errada. Lo errado es no poder decir con claridad, cómo se financiaría ese sistema de transporte. El gobierno central dice que no hay plata para eso. Moreno podría haber demostrado liderazgo, y quizás enfocar el debate en que el gobierno central debería destinar más recursos económicos a la capital, como se hizo en su momento cuando se construyó el metro de la ciudad de Medellín. Pero eso hubiera implicado discutir con el gobierno, debatir, desgastar su imagen ganadora. Después de todo, la indecisión con respecto a quién debería ser el próximo alcalde, no afecta la popularidad del presidente colombiano, pero a él sí. A esta hora no existe una sola propuesta realista al respecto de cómo se va a pagar el metro por parte de Moreno. Por cierto, pareciera que todos los debates se centraron en si metro sí, o metro no, aunque hay otros aspectos tanto o más importantes.

Esa innegable verdad fue tomada por parte de Peñalosa como su "caballito de pelea". Tamaña equivocación. No porque no sea cierto, sino porque Peñalosa dio la impresión al público de que evitaba dar explicaciones sobre las tremendas y graves fallas de su propio sistema de buses articulados bogotano llamado Transmilenio. A la mayoría de bogotanos nos encantaba este transporte, en sus inicios, cuando no era una lata de sardinas. Cuando no había atracos. Cuando no había que esperar incluso por horas, que llegara un maloliente bus. El sistema colapsó, y Peñalosa no dio explicaciones al respecto. Moreno hubiera podido utilizar este hecho a su favor en los debates, pero casi no lo hizo. ¿Por qué? Cuestión de psicología publicitaria. Los electores perciben como persona negativa a quien ataca constantemente, y Moreno es un hábil interlocutor y lo puso a funcionar a su favor. Dicho fenómeno se registró en todos los debates. Y la verdad sea dicha, Peñalosa no hizo una sola promesa de campaña que sonara atractiva. Si su intención era no hacer falsas promesas, en realidad dio la impresión de que el suyo sería un gobierno estable, que quizás mejoraría la infraestructura ya existente, pero sin cambios positivos sustanciales. Proyectó una imagen de pesimismo realista, y Moreno en cambio proyectó una imagen de positivismo surrealista.

Ahora bien. Si uno leyera las propuestas de gobierno de uno y otro, sin duda alguna la de Peñalosa es más elaborada y está mejor estructurada. Mucho mejor. Y sin embargo, aunque éste, el llamado "plan de gobierno", debiera ser el criterio principal para elegir, y no la forma de sonreír, o la habilidad para el discurso, casi nadie se fija en eso, ni en Washington DC (USA) ni en Pitalito (Huila-Colombia). Siendo así el carisma una cualidad de la que Peñalosa carece por completo. ¿Y quién(es) lee(mos) las propuestas concretas? O mejor dicho, ¿qué porcentaje de electores deciden su voto por el plan de gobierno, y cuántos por sus impresiones mediáticas al ver a los candidatos enfrentados en TV? Con toda seguridad, al menos el 90% que vota, se basa en esos debates televisivos. El 10% restante de acuerdo a su filiación ideológica (izquierda o derecha), y estuvo. Por eso la mayoría de los electores que llevaron al poder al actual presidente de Colombia, Álvaro Uribe Vélez -un estadista de derecha-, son los mismos que eligieron a Luis Eduardo Garzón, el actual alcalde de Bogotá -de izquierda-.

Los uribistas asumen erradamente, que los múltiples guiños presidenciales favoreciendo a Peñalosa podrían asegurarles el poder en Bogotá y otras regiones. Y el partido del Polo Democrático -de izquierda-, cree que si sus políticos renuevan su estancia en el poder en la capital el día de hoy, llegarán al poder presidencial en el 2010. ¡Bájense de esa nube! De cualquier manera, en un país hastiado por la guerra y la violencia de la guerrilla, y demás grupos armados ilegales, algo de optimismo para sus habitantes no viene mal. Es importante hacerle saber y sentir al ciudadano, que es posible tener un mejor futuro. Que las proyecciones macroeconómicas de crecimiento continuo, no son sólo para el beneficio de las clases sociales más privilegiadas, a la vez que crear riqueza de manera honesta, crear un capital propio sin delinquir, y prosperar sin tener que emigrar a otro país, no es una utopía.

La mayoría de bogotanos consideran innegable que Enrique Peñalosa fue un muy buen alcalde, a pesar de todo. Yo me encuentro entre ellos. Pero sus propuestas para este periodo específicamente fueron muy pobres y austeras, y no fue honesto ni frentero a la hora de admitir y explicar los fracasos multimillonarios de sus losas de cemento defectuosas en las vías de su sistema de transporte, y dijo burradas como las de que los metros no eran sistemas efectivos de transporte, por lo que en el mundo entero estaban "copiando su gran idea" de los buses articulados con carriles exclusivos. Mejor dicho, habitantes de Nueva York, Berlin, París, Londres, Moscú: tumben esa porquería de trenes subterráneos, y pongan buses rojos en la Plaza Roja de Moscú, en los Campos Elíseos de París, en Trafalgar Square en Londres, en Manhattan... ¡Ah! Y no se les olviden las ciclorrutas pegadas a los paraderos. Preferiblemente que pasen a medio metro de las boutiques de 5th Avenue y de la Bolsa de Nueva York, para "embellecer la ciudad" *.

Las ideas de Enrique Peñalosa: pesimistas, aburridas, y casi desesperanzadoras. Samuel Moreno en cambio nos prometió el "oro y el morro", pensando que quizás pueda evadir el juicio de la historia, cuando muchas de sus promesas se queden en el tintero -otra razón por la que el Polo no llegará al poder en el 2010-. Bien podría hundir Moreno a su partido en el desprestigio total, a no ser que contraten más asesores publicitarios. Porque los de Peñalosa si que eran pésimos, hay que decirlo. Aún así, los bogotanos eligirán a Samuel Moreno como alcalde, ténganlo por seguro. Y no me atrevo a juzgarlos por eso, pues como ya decía, la gente necesita soñar con un futuro mejor, y no con la idea de que todo va a seguir igual, incluyendo esa inmundicia de sistema de transporte capitalino, que ya colpasó, aunque Peñalosa pretenda lo contrario. Y a pesar de que el ex alcalde de origen lituano, Antanas Mockus, diga que aún hay "tiempo de arrepentirse".

Por mi parte votaré por el que considero es el único candidato digno, en mi humilde opinión. No hace falsas promesas, pero tampoco nos arranca la esperanza, y es lo suficientemente elegante para no mandar basura electrónica a mi casa. Se trata de Antonio Galán, ese sí un hombre digno del apellido de su hermano Luis Carlos Galán, y de su herencia política. Despreciado o ignorado por los medios "más serios", por Peñalosa, por su propio partido -liberal-, tiene una impecable hoja de vida como servidor público. Pero no va a ganar, porque no promete lo que no puede cumplir, ni da tajada. Es impopular, como la mayoría de hombres y mujeres honestos del país. Pero no permitiré que alguien me diga -con razón-, que "con qué derecho desprotico de Moreno o Peñalosa, si no fui a votar". Me reservo el derecho moral a criticarlos hasta el cansancio. Y para eso no queda otra salida que ir a votar. He ahí la respuesta a mi cuestión.

*En estas ciudades el sistema de buses (articulados o no), tranvías y demás alimenta al sistema del metro, de ahí el término "sistema integrado de transporte".

ACTUALIZACIÓN 15+15: A 45 minutos de cerrarse las mesas de votación, un inclemente aguacero acompañado por tormentas eléctricas podría elevar el abstencionismo. En el puesto de votación de EL NOGAL (norte de Bogotá) hubo un afluencia normal del público durante un breve periodo de media hora durante el cual escampó. A esta hora llueve fuertemente de nuevo. Y según reportes del periódico EL TIEMPO y también de la revista SEMANA, la situación es similar en toda la región central andina de Colombia.

ACTUALIZACIÓN 17+00: Va ganando Moreno con un 50% más de votos que Peñalosa, aproximadamente. Pueden consultar los resultados en línea y tiempo real en la página de la REGISTRADURÍA NACIONAL, cuyos datos se actualizan automáticamente minuto a minuto. La tendencia se mantiene ya en varios boletines. 30,95% mesas escrutadas a las 17+00. SAMUEL MORENO ROJAS (POLO DEMOCRÁTICO ALTERNATIVO) con 234,846 votos; 42.10%; ENRIQUE PEÑALOSA LONDOÑO (PEÑALOSA ALCALDE) con 165,634 votos; 29.69%. Excelente el trabajo de las autoridades electorales, así como el de la fuerza pública a cargo de garantizar la paz en estas elecciones.

domingo, mayo 28, 2006

Más allá de la conveniencia


De acuerdo al editorial del periódico EL TIEMPO, publicado hoy 28 de mayo de 2006, día de las elecciones, una segunda vuelta para la elección presidencial sería “tremendamente desgastadora e inconveniente para la estabilidad institucional y económica del país”.
El Editor General del OIMC se pregunta: ¿desgastadora para quién?
En una maniobra de aparente sinceridad, la línea editorial de este periódico capitalino se mantiene en su convicción ya conocida de que para el interés nacional lo mejor sería que Uribe fuera reelegido de una vez en la primera vuelta de hoy.
Acto seguido aclaran que su adhesión política al presidente-candidato, y por ende, al Vicepresidente de la República, Francisco Santos, “en nada vulneraría la imparcialidad y equilibrio de nuestra información sobre el proceso electoral, ni la fiscalización periodística de los actos de gobierno. En estos meses de campaña creemos haberlo demostrado plenamente. No se le giró un cheque en blanco al candidato-Presidente, ni se dejó –ni se dejará- de escudriñar lo bueno, lo malo y lo feo de su administración.”
Las razones para apoyar a Uribe, según EL TIEMPO, son: la recuperación de la confianza, de la seguridad y de la economía y un evidente liderazgo. Al decir luego que -palabras textuales- “..(..)..bastaría con imaginar a cualquiera de los demás aspirantes –con el debido respeto por sus múltiples virtudes- en la tarea de manejar al país en el próximo cuatrienio”, denigran indirectamente a los candidatos opositores. En otras palabras, EL TIEMPO no cree capaces a los demás candidatos de lograr lo que Uribe ha logrado.
Es imposible no preguntarse, ¿cuáles son las empresas que se benefician con el TLC? Y por supuesto, ¿Cuáles pautan en EL TIEMPO? La cuestión es, que una cosa es pregonar sinceridad (lo cual han logrado), y otra muy distinta, independencia. El diario colombiano EL TIEMPO no es independiente. La aparente imparcialidad frente al Vicepresidente Santos, por parte de su propia familia, los Santos, no va más allá de no tomarse cócteles juntos en público, sino en la privacidad de algún club estilo GUN CLUB o JOCKEY CLUB. Y bueno, que tengan vida familiar, no es reprochable, todo lo contrario.
Dado el caso, sin embargo, de que EL TIEMPO no puede afirmar ser imparcial desde el punto de vista ético y moral, porque están involucrados profundamente en el poder, y no sólo con “Pachito” sino también con Juan Manuel Santos, y encima de todo, sus negocios también dependen del TLC, hubiera sido mejor que se abstuvieran de publicar editoriales de este tipo, y más, justo el día de las elecciones.
Dentro de cuatro, o quizás ocho años, seguramente dirán que Francisco o Juan Manuel Santos son los mejores candidatos para reemplazar al actual presidente Álvaro Uribe. Y dirán, de nuevo, con su estilo cínico y sarcástico, que su participación en el poder, es un asunto de “interés nacional”.
Lo único claro es que este ya no es un asunto de izquierda o derecha. Es un asunto de honor y dignidad nacionales. Y ya sólo por eso, más de un colombiano sueña con una segunda vuelta. Y francamente, a la mayoría de colombianos nos importaría un carajo si los Santos, o EL TIEMPO, se desgastaran en el proceso.

miércoles, mayo 17, 2006

Mundial y elecciones: mala mezcla


Con el mundial tan cerca de las elecciones, la mayoría de los colombianos hemos activado el botón de “stand by” para el análisis político y electorero, para dedicarnos al fútbol, como debe ser. Hasta el momento, ni el presidente-candidato, ni el candidato del Polo, convencen. Y como en el fútbol, existen unos equipos cuyo estilo de juego y estrategia ofensiva y defensiva es más o menos previsible, como es el caso del presidente, y otros en cambio, de los cuales no sabemos nada. Es lo que siempre denominan como el “palo del grupo”, o “el equipo sorpresa”. Con estos candidatos pasa algo similar.

Empecemos con Uribe. Últimamente el presidente-candidato se ha esforzado tanto en demostrar sus dotes de líder autoritario e intolerante, que se puede decir sin atenuantes, que es un político como cualquier otro, que busca el poder, y cuando por fin accede a él, se crece demasiado si no lo controlan y le ponen su "Estáte quieto". Pareciera que padece de una crisis de pánico al pensar que pueda perder ese poder. Por eso quiere ganar en primera vuelta. Una segunda vuelta, podría catapultarlo a la impopularidad, pues con la misma pasión que los colombianos y los medios lo anunciaran como el líder político mesiánico, la solución definitiva de todos nuestros problemas, pues así mismo esos medios pueden en poco tiempo invertir la relación de fuerzas. Por eso Uribe no quiere “clasificar” a la final primero, sino "ganar por goleada" de una vez.

Carlos Gaviria, por su parte, ha sido presentado por los medios como un hombre dotado intelectualmente, sabio, incorrupto, claro y consecuente en sus ideas políticas. Si las elecciones se definieran por su coeficiente intelectual, la pulcritud de su lenguaje y sus buenas maneras, Uribe ya habría perdido las elecciones hace rato. Pero la habilidad para el liderazgo político no es necesariamente un bien intelectual. Con la excepción, de Francois Miterrand de Francia, Felipe González de España, y por supuesto, el genio de la política, Mijail Gorbachov, por ejemplo, la mayoría de líderes políticos del mundo suelen ser personas bastante incultas, porque los políticos que llegan a la cima generalmente han enfocado todas sus energías vitales a la consecución de logros en su carrera política. Y si son buenos estadistas, pues sabrán gobernar, que es lo más importante.

La de Uribe es una apuesta segura, pero poco atractiva en términos de esperanza y progreso real para la mayoría de colombianos que no pertenecemos al exclusivo sector exportador, ni mucho menos al “Sindicato Antioqueño”. Y los tímidos éxitos de su gobierno, que no se pueden desconocer, están mal cuantificados por sus seguidores fundamentalistas, que tratan a sus críticos, como “perros infieles” a su religión.

Por otro lado, la de Gaviria, es una promesa maravillosa, sobre el papel. Promesa electorera sin sustentación en la práctica. Y Gaviria, muy a pesar de su gran intelecto, ya dio muestras inequívocas de debilidad de carácter al no apoyar pública- y abiertamente al alcalde de Bogotá, Luis Garzón, durante el paro de transporte con el que se pretendió inmovilizar y extorsionar a sus 7 millones de habitantes. Si falla en lo pequeño, con mayor razón en lo grande.

¿Qué hacer? Lo mejor sería votar por Serpa o Gaviria, para forzar una segunda vuelta. Así podremos ver el Mundial de Alemania 2006 en paz, sin distraernos, y decidir después cual de los dos, es “menos peor” para nuestra magullada democracia.

Ambos deben esforzarse más, si tanto quieren el poder. Y mientras tanto, excelente que los medios se hayan olvidado de ellos. Ya sólo hay espacio en los noticieros para un escueto resumen de 10 minutos de la realidad nacional e internacional, el resto son modelos y fútbol, como debe ser.

lunes, marzo 13, 2006

Votar y llorar (HUMOR)


Tranquilos. Queridos lectores: Ya los incitamos a votar. A pesar de todo, creemos que es lo correcto todas las veces. En el OIMC todavía no hemos perdido la fe en el país. Pero tampoco somos tan ingenuos....

jueves, marzo 09, 2006

Reinado electoral


Ya se ha vuelto costumbre que ad portas de las elecciones, los medios masivos de comunicación “se comprometan” con la promoción de la democracia. Unas veces promoviendo debates cronometrados, otras veces haciendo un seguimiento de las campañas, y que en el mejor de los casos procuran por la supuesta “transparencia” de los partidos, quizás hurgando en las hojas de vida de los candidatos sobre inconsistencias legales, y otras veces quizás, y sólo quizás, investigando sus fuentes de financiación. Últimamente también han tratado de establecer nexos sospechosos pasados, presentes o futuros con grupos armados al margen de la ley y/o con el narcotráfico.
Esa es y ha sido la propuesta sistemática para “garantizar” de alguna manera un proceso electoral “más diáfano”. Siendo muy cuestionable si lo han logrado, queda en el aire la pregunta de siempre: ¿Y después qué?
El cubrimiento y seguimiento de las elecciones colombianas no dista mucho del que se hace para los reinados nacionales de belleza.
1) Primero inventan unas “medidas ideales”, basadas en escuetas y superficiales encuestas electorales, para determinar las dizque prioridades y expectativas de los colombianos al elegir a sus candidatos. Claro, no mencionan que son los medios quienes crean la agenda pública. En el artículo anterior del OIMC, titulado, “Si los medios eligieran al presidente”, veíamos lo ridículo de las encuestas y estadísticas periodísticas, al cruzar datos de dos medios de comunicación diferentes. El 90-60-90, era el orden en la prioridad de los problemas de pobreza, corrupción y seguridad democrática. Lo importante no era el análisis en la realidad con base al programa de partido, por ejemplo, para ver cuáles propuestas eran más serias, y sobretodo, viables. Nosotros mismos le echamos la culpa de todo al “Pato”, por si acaso. Los medios, le echarán la culpa del fracaso a la “inmadurez” del electorado colombiano, y nunca a su pobre desempeño en el ejercicio del “cuarto poder”.
2) Luego vienen los antecedentes: ¿Su derrière es natural, o es de silicona? Es decir, ¿hay o no hay dineros sucios en la campaña? Obviamente que es importante lo primero (o sea cuando hay dinero sucio), y en ese sentido, alabamos a los pocos medios y periodistas que lo investigan y denuncian. Pero en cuanto a lo segundo, es decir, el “no hay financiación ilegal”, ¿acaso el que un político no sea ladrón ni deshonesto, lo convierte automáticamente en un virtuoso? ¿Por qué no se ha enfocado el análisis periodístico en las promesas de campaña incumplidas por los líderes políticos que ya han participado del poder? Es decir, ¿Cuáles fueron los logros de Antonio Navarro como alcalde y gobernador en Nariño?, ¿Cuáles fueron las hazañas de Germán Vargas en el Congreso de la República?, ¿Cuál fue el aporte de Carlos Gaviria a la Corte Constitucional?, ¿Qué pasó con las losas de cemento chiviado de la Autopista Norte contratadas por Peñalosa cuando era alcalde?, ¿Dónde está la cúpula de las FARC, que Uribe prometió encarcelar en un plazo de dos años?, ¿Es ético cambiar de partidos por conveniencia?, ¿Por qué los ex integrantes del Kinder del ex presidente César Gaviria, la mayoría ahora “uribistas”, nunca son cuestionados por sus estruendosos fracasos durante su gobierno?
3) Luego llegan a los (las) cinco finalistas. Preguntas al azar…., dicen los medios. Pero preguntas elaboradas por los mismos medios, con base a la moda política resultante de las encuestas y la agenda por ellos impuesta, como ya decíamos. ¿Si usted tuviera que escoger a un sólo hombre y a una sola mujer para poblar el mundo, a quiénes escogería? Claro, si es la candidata favorita del reinado, dirá algo así como que al Papa y la madre Teresa. Si es un político como Juan Manuel Santos, por ejemplo, escogerá de pareja ideal a Tony Blair y a Margareth Thatcher. Si fuera nuestro presidente, diría que George Bush y Condolezza Rice.
4) Y a la pregunta de, ¿qué harían si fueran elegidos? Invariablemente la pregunta es idéntica a la de una finalista a Señorita Colombia. Que van a trabajar por la niñez desamparada, por los ancianos abandonados, y por la imagen del país.
5) ¿Quién ganará? Pues obviamente el que tenga al mejor “preparador de reinas” disponible. Y para eso se necesita “mucho carisma” ante las cámaras, dinero para el "traje de fantasía", memorizar un par de respuestas rápidas a las probables preguntas, no dejarse fotografiar con gente de reputación sospechosa, quemar las fotos sospechosas que ya tengan, y por supuesto, aprender a caminar por la pasarela sin caerse. Si no pregúntenle a Gina Parody, ex reina del congreso. Nadie conoce sus obras políticas, simplemente porque no existen. De hecho, siendo justos con las reinas, han hecho más por el país que todos los anteriores juntos.

RECOMENDACIONES DEL OIMC PARA LOS CANDIDATOS
Claro. Mostrar mucho porte, sacar el pecho, demostrar simpatía por todas las causas, y aparecer con naturalidad al hablar y moverse. Y todo eso, cuando uno no lo tiene en la realidad, no importa. Porque para los medios de comunicación de Colombia lo importante es el parecer, y no el ser.